Leyendas y mitologias de Mexico

Escrito por chavezreyesangel 10-04-2018 en terror :v. Comentarios (0)

- El Conejo de la Luna Hace mucho, el buen Dios Quetzalcóatl fue de viaje por el mundo en forma de un Hombre. Tras haber caminado todo el día, él estaba cansado y con mucha hambre pero continuó su caminata por mucho tiempo hasta ver las estrellas y la Luna brillar en el cielo. Decidió sentarse y mientras descansaba, vio a un pequeño Conejo que estaba comiendo. El Dios le pregunto que estaba comiendo, el Conejo le respondió "Zacate" (varias especies de hierba que sirven de pasto y forraje) 


la  llorona

La Llorona es un espectro del folclorelatinoamericano que, según la tradición oral, se presenta como el alma en pena de una mujer que asesinó o perdió a sus hijos, busca a estos en vano y asusta con su sobrecogedor llanto a quienes la ven u oyen. Si bien la leyenda cuenta con muchas variantes según cada país, los hechos medulares son los mismos.
https://www.youtube.com/watch?v=XNUhqhEquSc


el basilisco
El basilisco​ era un ser mitológico creado por la mitología griega que se describía como una pequeña serpiente cargada de veneno letal y que podía matar con la simple mirada, que consideraban el rey de las serpientes

Representación típica de un basilisco de 1510.
En el siglo VIII, el basilisco era considerado una serpiente dotada de una cresta con forma de corona o mitra en su cabeza, siendo el animal en sí de tamaño variado. Supuestamente, el basilisco nacía de un huevo de gallina empollado por un sapo, lo opuesto al cocatriz, que según se decía nacía de un huevo de sapo o serpiente empollado por una gallina. Más tarde, sin embargo, los rasgos de ambas criaturas comenzaron a ser indistinguibles.

El charro negro

Un hombre alto, de aspecto elegante, de impecable traje negro compuesto por una chaqueta corta, una camisa, un pantalón ajustado y un sombrero de ala ancha deambula en la profundidad de la noche en los solitarios tramos que unen los pequeños pueblos del México rural, sobre el lomo de un caballo enorme y de color azabache.
Quienes han tenido trato con él, lo presienten como el Diablo. No ignora a los hombres, a los que les ofrece amables conversaciones, pero su clara preferencia son las mujeres, a las que seduce con su mirada elocuente y palabras cálidas. Nada malo puede decirse del Charro Negro si el viajero se limita a permitir su compañía hacia su lugar de residencia; si se acerca el amanecer, se despedirá cortésmente y se marchará con paso lento, al igual que si el sendero que recorre lleva a las cercanías de una iglesia.
Pero si, por el contrario, la mujer cede a sus ofertas de aligerar el viaje y acepta montar el caballo, esa acción será el principio del fin: Una vez sobre el animal, la infortunada descubre que es imposible bajarse. Es entonces cuando el Charro Negro vuelve a su montura y se aleja con rumbo desconocido, sin hacer caso de los ruegos o los gritos de su víctima, a la que no se le vuelve a ver jamas

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